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Mundo Maya

Mundo Maya (12)

Uno de los aspectos más importantes de la cultura Maya es su cosmovisión. Desde sus orígenes, han manejado la el concepto de un mundo dividido en tres partes superpuestas: los cielos, el mundo terrenal y el inframundo (Xibalba). Por lo tanto el inframundo se ubica bajo nuestro mundo, es un lugar de nueve niveles, habitado por seres y dioses que controlan los fenómenos naturales, quienes proveen la vida pero a su vez son traicioneros y envidiosos. A Xibalba se accede por las cuevas y los cuerpos de agua, como lagos y cenotes. El mundo terrenal está poblado de plantas, animales, seres humanos, aluxes, nawales y otros seres sobrenaturales. El nawal es el vínculo de la persona con la naturaleza y puede ser un animal, una planta u otro ente. Consiste en un espíritu gemelo o "co-escencia", que los mayas prehispánicos llamaban way y fue representado en vasijas e inscripciones.

Las deidades mayas han exigido la obediencia de los humanos y castigan a quienes se olvidan de ellos. Por esta razón son destruidas las dos primeras creaciones en el Popol Wuj. Antiguamente los dioses exigían ofrendas de sangre como agradecimiento de su propio sacrificio que permitió la creación de hombres y mujeres, por lo que se llevaban a cabo sacrificios de animales y personas. En la actualidad, el papel de algunos de estos dioses ha sido tomada por los “santos patrones”, a quienes deben hacérsele “favores” constantemente para mantenerlos satisfechos y así evitar que haga sufrir males.

La naturaleza es central en la cosmovisión de los pueblos mayas, dada la estrecha relación que hay entre la sagrada tierra (loq’alaj ulew) y el ser humano (winaq). No existe una distinción entre ambos, pues todos los seres son parte de un mismo sistema vivo llamado qanan ulew (Nuestra Madre Tierra). Todo tiene vida, nada es inerte: un árbol, una piedra, el cielo o el viento, todo posee el mismo soplo de vida que lo hace acreedor del más profundo respeto. Al haber vivido en profundo contacto con la naturaleza, se busca el equilibrio con ella. La tierra es considerada una madre a la cual se debe cuidar, como ella nos provee a nosotros. Cualquier desastre natural, por ejemplo, es producto de nuestra negligencia para con la Madre Tierra. La siembra es también considerada un acto muy especial en el cual la Madre Tierra es preñada por el trabajo del hombre y brinda así, el sagrado maíz, del cual fue hecha la carne del hombre. En el arte prehispánico, las formas más comunes vienen de la naturaleza: jaguares, monos, aves y reptiles mitológicos, donde los cerros, árboles y las ninfas de agua representan paisajes los paisajes sagrados.

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El Período Colonial debe considerarse como parte de esta secuencia, ya que si bien la conquista significó un cambio drástico en la forma de vida de los grupos mayas, tampoco fue su fin. Aparte de los efectos puramente bélicos, el mayor desastre fue el causado por las epidemias, que en muchas regiones redujeron la población a menos del 10% de sus habitantes originales. En el ámbito religioso, las poblaciones Mayas también fueron obligadas a cambiar creencias, lo cual nunca sucedió por completo, y gracias a muchas prácticas clandestinas, las creencias tradicionales han sobrevivido hasta nuestros días; eso sí, a través de procesos sincréticos que asimilaron muchos elementos cristianos. Sin embargo, esto no fue nuevo, ya que en tiempos prehispánicos fue muy común el asimilar deidades de otras regiones de Mesoamérica. La economía también se transformó considerablemente, aunque la base agrícola permaneció en las comunidades rurales y sigue siendo la forma de procurar el sustento diario. 

Al analizar estos 4,000 años de historia, la cultura Maya debe reconocerse como una de las más ancestrales de América y de todo el mundo. Es una herencia cultural que forma parte intrínseca de cada país, y que se expresa a través de los vestigios de sus ciudades, sus admirables obras de arte y las historias escritas con jeroglíficos, pero también en los elementos de su cultura que día a día forman parte de la vida cotidiana de quienes viven en esta privilegiada región. Es por esto que las expresiones culturales mayas se encuentran hoy en día a través de sus coloridos textiles y artesanías, su gastronomía y fiestas religiosas.

 

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El período Postclásico Temprano, definido entre 900 d.C. y 1,200 d.C., es de suma importancia, ya que simboliza la continuidad de la Civilización Maya después del colapso Clásico. Aparte de las Tierras Bajas del Norte no se conocen muchos sitios de esta época, seguramente por los efectos de muchas migraciones fuera del Petén. Sin embargo, no hay evidencia que hayan ocurrido movimientos masivos de personas en las Tierras Altas, lo que sugiere que las poblaciones mayas actuales son descendientes de los mismos grupos que se asentaron antes del Postclásico. En este aspecto hay que contextualizar a los sitios Mayas dentro del ámbito mesoamericano, porque el Postclásico Temprano es la época llamada “tolteca”, donde predominó un estilo artístico “internacional”, plasmado en arquitectura, cerámica y escultura. Sin embargo la palabra tolteca tiene un fuerte significado mitológico, ya que tula o tollan es el nombre del lugar de origen de muchos pueblos. Por lo tanto, esta influencia tolteca debe entenderse como un proceso similar a lo que sucedió con los Olmecas durante el Preclásico Medio y con los Teotihuacanos en el Clásico Temprano, y no como conquistas o migraciones provenientes de un solo lugar. De cualquier forma lo que es claro en este período es la desaparición del sistema monárquico del Clásico, el cual fue remplazado por gobiernos basados en confederaciones y/o concejos, donde el linaje fue la unidad básica de la organización sociopolítica. La concentración de poblaciones en las Tierras Altas del Norte se debió en gran parte al auge de la ruta comercial que rodeaba la península de Yucatán, transformando considerablemente los patrones económicos. Por ejemplo, es notorio que el jade decayó como elemento de lujo, el cual fue relativamente reemplazado por el oro, la turquesa y otros materiales provenientes del noroccidente de Mesoamérica. 

Finalmente, el Postclásico Tardío representa el último momento de la cultura Maya prehispánica, el cual inicia en 1,200 d.C. y termina con los diferentes procesos de conquista a lo largo de toda la región. Este período se caracteriza por la desaparición de los grandes estados territoriales en las Tierras Bajas, ya que el territorio se fragmentó en muchas provincias, regidas por capitales de menor escala. Al contrario, en las Tierras Altas se consolidaron entidades políticas fuertes, que lograron una expansión territorial sin precedentes, a tal grado que conquistaron e integraron varias etnias distintas bajo su control. Sin embargo, los conflictos entre estos grupos fueron aprovechados por los conquistadores como medio efectivo para su eventual derrota y dominación en el siglo XVI. Al mismo tiempo, los grupos Mayas de la Costa del Golfo gozaron de un período de prosperidad, gracias a su dominio de las rutas marítimas y al contacto directo que tuvieron con los aztecas. Es por ello que lograron enfrentar a los españoles con un alto grado de resistencia.

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La transición del período Preclásico al Clásico en el siglo III d.C. posiblemente fue turbulenta en algunas regiones, ya que se caracteriza por el abandono de algunas de las ciudades más importantes, y hay evidencia de destrucción de esculturas y edificios. De cualquier forma, estos eventos dieron cabida al surgimiento de nuevas entidades políticas y al inicio de una nueva era en la historia Maya.

El período Clásico Temprano se define entre 250 y 600 d.C. Su inicio se caracteriza por la aparición de elementos importantes, en especial el uso extensivo de la escritura en las ciudades de las Tierras Bajas, que coincide con la desaparición de la misma en las Tierras Altas y Costa Pacífica. También se puede definir una tendencia general hacia el culto al gobernante como personificación del poder político. Este período también es marcado por las relaciones que existieron con la ciudad de Teotihuacán en el Altiplano Central de México, posiblemente poblada por grupos nahuas. Dado que esta ciudad fue mucho mayor que las ciudades mayas de ese tiempo, se ha considerado que Teotihuacán ejerció cierto grado de dominio en algunas áreas, debido a intereses comerciales. Aunque esto no se ha comprobado, si existió una fuerte influencia proveniente del altiplano mexicano en cuanto al uso de ciertos símbolos asociados a la guerra, así como otros aspectos meramente artísticos, que bien pudieron ser el resultado de relaciones económicas y políticas amigables. En el Clásico Temprano se tiene evidencia de la fundación de dinastías gobernantes en los principales sitios arqueológicos de las Tierras Bajas, y también se inician programas expansionistas en algunos de ellos, los cuales incluyen las primeras referencias directas a batallas y capturas de prisioneros.

El inicio del Clásico Tardío en el año 600 d.C. no constituye una diferencia significativa en relación al período anterior. En realidad hay un proceso continuo que gradualmente conllevó al máximo crecimiento demográfico de las Tierras Bajas, llegando a millones de habitantes. Esto se refleja porque cada ciudad se identificó con un símbolo, llamado "glifo emblema", y ha sido posible establecer los mapas políticos de la época según su distribución geográfica. A mediados del siglo VIII d.C., las Tierras Bajas Centrales experimentan una acelerada descentralización y fragmentación política que fue acompañada de un incremento en los conflictos, pero al mismo tiempo causó el máximo esplendor artístico en la historia Maya. Es en este momento cuando encontramos las expresiones más finas en cerámica policromada, arte lapidario en jade, pintura mural, arquitectura y escultura. Asimismo el desarrollo de la escritura alcanzó un grado de sofisticación que pocas civilizaciones en el mundo han logrado.

Este proceso culminó con el abandono rápido de algunas ciudades durante los últimos años del siglo VIII d.C., seguido por un proceso más gradual en otras. Este fenómeno, conocido como el “Colapso Maya”, resultó en el abandono casi total de todas las Tierras Bajas Centrales a inicios del siglo X d.C., y sus causas fueron la combinación de factores políticos y ambientales. A pesar que este abandono masivo es un evento casi único en la historia de la humanidad, de ninguna manera significó el “fin de los Mayas”, como muchas veces se ha malinterpretado. Al contrario, fue un proceso de transformación política, que se entiende mejor cuando se toma en cuenta la continuidad que se dio en el período Postclásico. Eso sí, no se puede negar que desaparecieron muchos de los “marcadores culturales” que distinguieron a los Mayas Clásicos, como lo es el uso extensivo de la escritura, la erección de estelas, y la elaboración de joyas de jade y vaso policromados. Por su naturaleza eminentemente política, el Colapso debe entenderse como el final de un sistema monárquico, por lo que todos esos elementos o marcadores también desaparecieron junto a los reyes, porque fueron herramientas que justificaban sus cargos. Ya sin reyes, no hubo necesidad de glorificar sus historias o contar con ostentosas ofrendas funerarias. Al contrario, las sociedades postclásicas fueron un tanto más eficientes al invertir menos en sus reyes, creando concejos para la toma de decisiones. La teoría principal es que gran parte de la población que abandonó las Tierras Bajas Centrales migró hacia el norte, donde se encontraban otros centros prósperos. En el caso de las Tierras Altas y la Costa Pacífica, no se sabe mucho de sus centros del Clásico Tardío, aunque si hay evidencia que muchos fueron abandonados.

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El período Preclásico Temprano indica el momento en que las sociedades mayas contaron con rasgos culturales propios que los distinguen de otros grupos mesoamericanos. Las sociedades son ya aldeas agrícolas sedentarias, por lo que aparece por primera vez la cerámica. En la Costa Pacífica este período inicia alrededor del año 1,800 a.C., pero en el resto del área Maya se define a partir del 1,000 o 1,200 a.C.

Es a principios del Preclásico Medio, alrededor del año 800 a.C., cuando aparecen las primeras sociedades complejas en el Área Maya, en la forma de cacicazgos o jefaturas. Estos asentamientos muestran indicios de una organización jerárquica, con la presencia de un dignatario que goza de privilegios, representado en las primeras muestras de arquitectura monumental y la presencia de objetos importados de alto valor, lo que refleja la existencia de redes de intercambio. En este momento los mayas establecieron una fuerte conexión con la civilización Olmeca que se desarrolló en la costa del Golfo de México, por lo que es común encontrar elementos iconográficos asociados a esta región. Es en este momento cuando aparecen las primeras expresiones de poder político en la forma de objetos de arte, en especial esculturas en piedra. El final de este período se ubica entre los años 400 y 300 a.C., que coincide con el abandono de los centros olmecas.

Inicialmente el período Preclásico se definió como un momento de formación previo a la Civilización Clásica Maya, tanto así que algunos investigadores prefieren el término Formativo. Sin embargo, hoy en día es indiscutible que la Civilización Maya ya se había desarrollado como tal durante el Preclásico Tardío, que abarca del año 300 a.C. hasta el 250 d.C. En este momento se encuentran centros monumentales que albergaron miles de personas, cuya arquitectura denota un alto grado de organización laboral. El uso del arte como medio de legitimación política alcanza un alto grado de desarrollo, tanto en las esculturas como en elementos arquitectónicos, y se inicia el uso de la escritura. La iconografía del Preclásico Tardío es altamente rica en símbolos, por lo que evidencia la existencia de sistemas religiosos institucionalizados que se basaron en narrativas mitológicas, para la elaboración de grandes ceremonias públicas. La gran cantidad de asentamientos de distintas escalas indica que la organización territorial ya es jerárquica, donde un centro mayor tiene dominio sobre otros menores a su alrededor. Por estas razones se ha llegado a formular que los sitios mayas de esta época corresponden a “estados tempranos”, donde el poder político no recaía totalmente en un solo gobernante, sino se encontraba distribuido en un sistema de naturaleza burocrática, formado por especialistas en distintas áreas.

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El desarrollo de la cultura Maya inició aproximadamente hace 5,000 años, cuando se calcula que se conformó el primer idioma, conocido como Proto-Maya. A partir de ese momento se ha establecido una cronología que permite ubicar los sitios arqueológicos en unidades temporales, para así interpretar los procesos sociales y políticos que se dieron hasta la conquista española en el siglo XVI. De esta manera se han definido tres grandes períodos: Preclásico, Clásico y Postclásico, cada uno con subdivisiones. El período colonial también debe considerarse como parte de este desarrollo que ha llevado hasta la actualidad.

El Arcaico o Precerámico, es un largo período que abarca entre los siglos VII y II a.C., el cual se puede definir como el momento en que se formó el grupo Maya en sí. Las poblaciones son bastante simples, con características semi-nómadas, que aprovecharon recursos silvestres mediante la recolección de plantas y la cacería de animales. Tomó varios siglos para que estas sociedades descubrieran la agricultura y la utilizaran como principal medio de subsistencia. Es por ello que se calcula que el maíz, frijol y las calabazas se empezaron a cultivar alrededor del año 3,500 a.C. Las herramientas son predominantemente de piedra y materiales perecederos, como canastas y tecomates o guajes.

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La fauna del Mundo Maya es altamente diversa, ya que existen innumerables especies de invertebrados, peces, anfibios, aves, reptiles y mamíferos. En ríos y regiones costeras fue muy importante la explotación de conchas y otros moluscos y crustáceos comestibles, así como peces de agua dulce y salada. Las ranas y sapos tuvieron un papel importante en la religión dada su asociación a ambientes acuáticos y terrestres, así como la naturaleza alucinógena del sapo bufo. De igual forma los reptiles tuvieron un fuerte simbolismo, especialmente tortugas, serpientes y cocodrilos. De las aves, destaca el quetzal y la guacamaya por sus plumajes, así como una gran variedad de aves acuáticas y gallináceas, que fueron fuente importante de alimento. En cuanto a mamíferos, no se encuentran grandes especies, por lo que el tapir es el animal de mayor tamaño. Los venados y pecarís fueron importantes fuentes de alimento, al igual que algunas especies de roedores grandes, como el tepezcuntle. De gran importancia ha sido el Jaguar, símbolo de la fuerza y poder sobrenatural, así como el puma y otros felinos menores. El Mono Araña y el Mono Aullador son las únicas dos especies de monos, y también figuran como actores importantes en las narrativas mitológicas.

Toda esta variedad de plantas y animales pueden ser apreciados en las distintas reservas naturales que se encuentran en cada región, muchas de las cuales son a su vez parques arqueológicos. Es de notar que para los mayas siempre ha sido importante el entorno natural, por lo que las comunidades y sitios arqueológicos rodeados de naturaleza son los más atractivos complementos a su riqueza cultural. Además, la conservación de los recursos naturales locales permite disfrutar de la gastronomía tradicional de cada región, ya que muchos ingredientes solamente se encuentran como parte de los ecosistemas cercanos a cada comunidad.

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De las plantas más importantes en la región maya pueden mencionarse algunos árboles que fueron usados para fines constructivos, como el chicozapote, la caoba y el cedro, que actualmente se catalogan como maderas finas. Del chicozapote también se extrae el chicle, y la resina del árbol de copal ha sido importante para su uso ceremonial. Otros árboles sirvieron para la construcción de canoas o para la elaboración de papel, en especial de corteza de amate. Para fines alimenticios fueron importantes los árboles frutales, en especial las sapotáceas, que fueron las más consumidas, junto a una gran variedad de frutos silvestres. La dieta fue también basada en una variedad de raíces y tubérculos comestibles, como la yuca y el camote, así como diversas hierbas, chiles, hongos y flores. De especial importancia han sido las cucurbitáceas, que incluyen varios tipos de ayotes o calabazas. Entre las plantas que producen semillas comestibles destacan los distintos tipos de maíz y frijol, la vainilla, el achiote, el ramón o ujuxte, y el cacao. En lo que respecta al maíz, ha sido el principal sustento de todas las poblaciones mesoamericanas, por lo que la intensificación de su cultivo alrededor del año 2,000 a.C. fue uno de los detonantes del desarrollo de la Civilización Maya. De hecho, en la actualidad el maíz es el producto agrícola más consumido en todo el mundo. El cacao también merece especial atención, ya que fue un alimento reservado para la realeza y personajes de alto rango social. Cuando fue procesado en Europa como chocolate, lo convirtió en otro alimento consumido mundialmente.

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Las Tierras Bajas Mayas constituyen la zona más compleja en cuanto a características geográficas, debido a su gran extensión y alta biodiversidad. En general, la región se define por tener una altitud menor a los 300 m, con excepción de las Montañas Mayas y la Sierra de Puuc, donde se encuentran elevaciones mayores. Geológicamente, las Tierras Bajas se componen de un manto metamórfico compuesto principalmente por roca caliza, la cual ha sido constantemente modificada por la acción del agua, sismos y otras formas de erosión. Para fines geográficos y culturales es apropiado distinguir lo que son las Tierras Bajas Centrales y las Tierras Bajas del Norte, que presentan rasgos bastante particulares, aunque cada una de estas dos zonas tiene también sus propias microrregiones.

Las Tierras Bajas Centrales conforman lo que se conoce como Petén, e incluye lo que actualmente es el departamento de Petén, Belice, el sur de Campeche y Quintana Roo y la zona oriental de Tabasco y Chiapas. Regiones periféricas como la cuenca baja del Río Usumacinta, el Valle de Copán y el Golfo de Honduras pueden presentar algunas características de las Tierras Altas. La vegetación de Petén se caracteriza por bosques que llegan a superar los 40 m de alto, y la precipitación pluvial es alta, especialmente entre los meses de julio y enero. Los suelos fértiles se encuentran en zonas inundables y en general tienden a ser poco profundos, lo que limita la agricultura extensiva. Destaca la presencia de algunas fuentes de agua permanente, como los ríos Usumacinta, Grijalva, San Pedro, Candelaria, La Pasión, Belice y Hondo; lagos como el Petén Itzá e Izabal; y las lagunas de Términos, Yaxha y Bacalar.

Las Tierras Bajas del Norte presentan un panorama distinto, con clima más seco y bosques más bajos. También son bastante importantes las zonas costeras y pantanosas, ricas en bosques de mangle, depósitos salinos y diversos productos marinos. A pesar de contar con limitantes para la producción agrícola, la región de las Tierras Bajas se caracterizó por el desarrollo de las ciudades más grandes y complejas, que pudieron llegar a tener hasta 100,000 habitantes. Décadas de estudios ambientales y agrícolas han determinado que esto fue posible gracias a la combinación de distintos sistemas de agricultura intensiva y manejo hidráulico, así como el diseño disperso de las áreas habitacionales que rodearon los centros ceremoniales. Además, el factor clave fue la captación de agua en muchas áreas que no cuentan con fuentes permanentes de agua. Por esta razón muchos asentamientos se ubicaron cerca de lagunas estacionales y bajos inundables, y se construyeron aguadas o reservorios en las principales ciudades. Al norte, los asentamientos aprovecharon los cenotes, que constituyen las únicas fuentes de agua tierra adentro. También se construyeron cisternas dentro de la piedra caliza, las cuales se conocen como chultunes.

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Las Tierras Altas Mayas se localizan mayormente en el territorio de Guatemala y Chiapas, como parte de los sistemas montañosos de la Sierra de los Cuchumatanes y la Sierra Madre, que se elevan hasta los 3,800 m sobre el nivel del mar. El paisaje quebrado de la zona contiene valles fértiles que han sido usados ininterrumpidamente para la agricultura, y los cerros fueron aprovechados para asentamientos con fines defensivos. La presencia de muchos nacimientos, arroyos, ríos y lagos proporcionaron buen acceso al agua. En cuanto a la vegetación, predominan los bosques de coníferas, donde predominan distintas especies de pinos y cipreses. En las Verapaces y en Chiapas hay porciones más húmedas donde hay grandes extensiones bosque nuboso, y en las zonas más altas de Huehuetenango se encuentran plantas propias de Tundra. En las zonas más secas se encuentran bosques bajos con especies de matorrales espinosos y cactáceas. Dentro del contexto paisajístico, la presencia de innumerables cerros en las Tierras Altas es importante para interpretar el desarrollo arquitectónico de las antiguas ciudades de esta zona, ya que esos rasgos geográficos fueron el foco central de ceremonias religiosas y por lo tanto no fue imperante la necesidad de construir templos de gran tamaño, como sucedió en las Tierras Bajas, donde el paisaje carece de montañas. En cuanto a recursos, las Tierras Altas fueron las más ricas en depósitos minerales, por lo que se explotaron depósitos ubicados en cuencas de ríos, barrancos, afloramientos volcánicos y otros tipos de formaciones geológicas. Entre estas áreas destaca el Valle del Río Motagua, donde se encuentran los únicos depósitos de jade en todo el continente americano. Es por ello que muchos sitios compitieron por el control de esta importante ruta de comercio.

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